¿Cuántas personas pasan hambre?
Se prevé que más de 800 millones de personas en todo el mundo se enfrentarán al hambre en 2030.
¿Por qué hay tantas personas que pasan hambre?
Junto con los conflictos mundiales, la crisis climática, fenómenos meteorológicos extremos, incendios devastadores y la mega sequía actual, han provocado la disminución de la producción de alimentos lo cual ha contribuido a la escasez y los altos precios de los alimentos
¿Qué podemos hacer para ayudar?
Puedes contribuir con cambios en tu propia vida (en casa, en el trabajo y en tu comunidad) apoyando a los agricultores en mercados locales ,o ferias de tu barrio eligiendo alimentos naturales, pensando en tener una buena nutrición para toda tu familia, de esta manera podrán tener una vida mucho más larga y saludable.
Además debes luchar contra el desperdicio de alimentos, donando restos de alimentos en buen estado a personas que lo necesitan para nutrirse adecuadamente , o bien, que puedas tener una compostera para transformar tus residuos orgánicos en abono para tus plantas interiores, jardín o áreas verdes o huertos de tu comunidad.
SEMBRAR CIUDADANÍA AMBIENTAL
Una experiencia que comienza con una semilla
Vivencia de Ignacio Méndez Rivera
Director Ejecutivo – Fundación Tejido Creativo
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A lo largo de mi experiencia en Fundación Tejido Creativo he tenido la oportunidad de participar en distintas iniciativas medioambientales, educativas y comunitarias, reafirmando en mí una convicción: “la educación ambiental adquiere su verdadero sentido cuando deja de ser solamente un contenido y se convierte en una experiencia que las personas pueden tocar, comprender y hacer propia”.
Con esa mirada y el apoyo de Generaxion3000 llegamos al Centro Integral Los Aromos de Hualpén para desarrollar el taller “Sembrando Ciudadanía Ambiental”. Desde su diseño quisimos que fuera una experiencia sencilla, cercana y profundamente participativa. El desafío era hablar de los Objetivos de Desarrollo Sostenible y, especialmente, del ODS 2: Hambre Cero, pero hacerlo desde una acción concreta que pudiera ser comprendida y vivida por niños y niñas con diversas formas de aprender, comunicarse y relacionarse con su entorno.
Por eso decidimos comenzar por lo esencial: una semilla. Preparamos apoyos visuales, tarjetas con conceptos simples como tierra, agua, sol y semillas, y una secuencia clara para acompañar cada momento de la siembra. No queríamos que los ODS aparecieran como algo lejano, lleno de conceptos difíciles o grandes cifras. Queríamos mostrar que detrás de ellos existen decisiones cotidianas y que una de esas decisiones puede comenzar al poner una semilla en la tierra y asumir el compromiso de cuidarla.
Durante el taller observé algo que para mí resume el valor de esta experiencia. Cuando un niño toma la tierra con sus manos, deposita una semilla, la cubre con cuidado y agrega un poco de humus que es un fertilizante natural proveniente del compostaje de la tierra y los residuos orgánicos, el aprendizaje cambia de lugar: ya no está solamente en una explicación, está ocurriendo frente a nosotros. La semilla se transforma en una posibilidad. Nos permite hablar de alimentos, de suelo, de agua, de paciencia, de responsabilidad y también de nuestra relación con la naturaleza.
Ese momento tuvo para mí un significado especial porque conecta con el trabajo que hemos venido desarrollando junto a Gonzalo Correa de Generaxión3000 en torno al humus y al cuidado de los suelos. El humus, la semilla, el agua y el acto de cultivar forman parte de una misma historia: devolver vida a la tierra y comprender que los alimentos no comienzan en una góndola, sino en un suelo vivo que necesita ser protegido. Esa conexión permite que la educación ambiental tenga continuidad: desde aprender a sembrar hasta comprender por qué debemos nutrir y recuperar nuestros suelos.
Como Director Ejecutivo de Fundación Tejido Creativo, estas experiencias también me recuerdan cuál es el tipo de trabajo que queremos impulsar. No buscamos llegar a las comunidades con respuestas terminadas. Queremos crear espacios donde educación, medio ambiente, creatividad y participación se encuentren; donde cada persona pueda descubrir que posee una capacidad real de aportar, independientemente de su edad o de la manera en que aprende.
El taller en el Centro Integral Los Aromos de Hualpén fue también un aprendizaje para nosotros, nos obligó a pensar la educación ambiental desde la inclusión: menos discursos, más imágenes; menos conceptos abstractos, más acciones; menos instrucciones extensas, más experiencias concretas y secuenciales. Y en esa adaptación descubrimos algo que debería ser válido para toda educación ambiental: cuando simplificamos sin perder profundidad, hacemos posible que más personas se sientan parte.
Al finalizar, el compromiso era pequeño y, al mismo tiempo, enorme: cuidar la planta que cada participante había comenzado a crear. Darle agua cuando lo necesitara, buscarle luz, observar su crecimiento y protegerla. En ese gesto está, a mi juicio, una de las formas más genuinas de ciudadanía ambiental: comprender que cuidar la vida requiere constancia y que nuestras acciones, aunque parezcan pequeñas, tienen consecuencias.
Me quedo con la imagen de esas semillas iniciando su viaje en las manos de niños y niñas. No sabemos cuántas llegarán a convertirse en plantas, pero sí sabemos que cada una permitió sembrar una pregunta, una experiencia y una responsabilidad. Para Fundación Tejido Creativo, trabajar junto a espacios educativos y encontrarnos con iniciativas promovidas por Generaxión3000 significa precisamente eso: construir alianzas capaces de transformar grandes desafíos ambientales en experiencias cercanas, inclusivas y posibles.
Porque quizás la ciudadanía ambiental comienza de una manera mucho más sencilla de lo que imaginamos: con un poco de tierra, una semilla, unas gotas de agua y alguien dispuesto a cuidarla.
